Achis, achis

Mis reflexiones.

Les comparto nuevamente este mensaje que escribí hace tiempo, con la clara intención relacionada con el respeto, respeto y cariño para nuestra pareja. Lo inicié con un mensaje que recibí de Katchumo, mi asesor de Santa Catarina:

Oiga, ingeniero, déjeme contarle una excelente historia que destaca la necesidad de ayudar a nuestra pareja. Resulta, dice la historia, que doña Juanita le vuelve a pedir a su esposo que la ayude a arreglar otro de los desperfectos en la casa: “por favor arregla la llave del baño para que deje de gotear”.

“Achis, achis, ni que fuera fontanero”, le responde el marido.

Esto le trajo a la mente de doña Juanita el sinnúmero de veces que le había pedido ayuda a su marido para cortar el pasto, arreglar la cerradura de la puerta del baño, bañar al perro, lavar el carro, ayudarla a cambiar algo de lugar, y en todas ellas le había respondido el marido: achis, achis, ni que fuera jardinero o fontanero o lavador de perros y carros o cargador.

El martes de la semana pasada estaba doña Juanita llorando en la entrada de su casa después de haber recibido el último achis, achis de su marido, en eso se acerca el nuevo vecino, quien al verla en ese estado le pregunta muy intrigado sobre lo que le pasa. Doña Juanita le comenta todas las cosas que estaban mal en su casa y que no había podido arreglar. El vecino la escucha muy atentamente y finalmente le ofrece arreglar todos los problemas de la casa. Claro, doña Juanita como buena regiomontana, le dice: “pero esto me va a salir muy caro, ¿verdad?”. “Claro que no”, le responde el vecino, “esto le costará que me haga unas galletas o que acepte una acostadita conmigo, usted decide”. 

En la noche, cuando regresa el marido de doña Juanita, se queda totalmente impresionado, pues todos los problemas de la casa estaban resueltos. “¿Pero qué hiciste mujer para que todo funcione bien en la casa?”, le pregunta a su esposa. “Yo, nada”, le contesta, “nuestro nuevo vecino me ayudó a arreglar todos los desperfectos”. “Te habrá cobrado mucho”, le dice un poco preocupado el esposo. “No, no te preocupes, el me dijo que me arreglaba todo si le preparaba unas galletas o aceptaba una acostadita”.

“Desde luego le hiciste las galletas, ¿verdad?”, le comenta el marido francamente asustado. La respuesta de doña Juanita ha hecho historia familiar y comunitaria: “Achis, achis, ni que fuera cocinera”.

Así que, estimado lector, para que no le digan, achis, achis, ni que fuera cocinera, es necesario querer, respetar y apoyar a su pareja, que ante todo implica querer y respetar todo aquello que sea importante para ustedes como pareja y familia.
Pero, ¿qué nos dice la sabiduría popular sobre el tema de los achis achis? Que para lograr una convivencia armónica con las personas es importante promover el respeto y la tolerancia –y apoyo mutuo, añadiría yo–.

Lo anterior implica una actitud esencial: darle un trato digno a todas las personas, a todas, no sólo a las que queremos; para lo cual nos recomiendan por un lado: nadie debe ser utilizado, ni engañado, ni tratado como un medio para el logro de fines particulares o de grupo.  Y por otro, respetar la vida privada de cada persona y abstenerse de hacer comentarios que difamen su integridad. Para finalmente recomendar: Es importante respetar y tolerar las ideas, creencias religiosas, tradiciones, costumbres y puntos de vista diferentes. 

Efectivamente, estimado lector, para evitar discusiones estériles con los demás, no basta platicar sobre el respeto, el apoyo, la delicadeza en el trato, la comprensión, la paciencia y la tolerancia. Tenemos que tomar estas palabras como motivos de acción, como normas de conducta y como hábitos de comportamiento. 

Finalmente, le recuerdo que lo malo de la falta de respeto, tolerancia, delicadeza en el trato, comprensión y paciencia hacia los demás, nos puede conducir fácilmente a la cárcel de la soledad. Recuerde lo que Jorge Luis Borges nos recomendó en su poema: “Con el tiempo... aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo... ante una tumba... ya no tiene ningún sentido”.

Ramón de la Peña

Fue Rector del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Monterrey, también Rector del Sistema Centro de Estudios Universitarios (CEU). Actualmente es el Director General del Instituto Estatal de las Personas Adultas Mayores.

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