¿Al carajo, Presidente?

El Presidente está desquiciado. Y cada semana empeora más.
Dentro de Palacio Nacional se reduce el número de asesores que quieren hablar con él de manera seria y prefieren darle la vuelta por la forma como su intolerancia ha crecido, no sólo hacia afuera, sino hacia dentro, donde sus acciones y declaraciones cada vez pierden más consenso.
El presidente López Obrador ha perdido el equilibrio y su falta de templanza es evidente.
A las críticas internas está respondiendo con reprimendas y represalias, y a las externas, como no sabe cómo atacarlas, insulta donde puede, y donde no, sus soluciones caen en lo absurdo.
El deterioro que está sufriendo el Presidente en su persona y su liderazgo tiene orígenes objetivos:
TODO LE SALE MAL
Las cosas le están saliendo mal, la seguridad, la economía, sus megaproyectos, la sucesión presidencial, la corrupción en su cuatroté.
Su alegato de que tiene otros datos es cierto, porque de manera progresiva le están informando menos y de forma parcial, ante su intemperancia.
Hace unos días sucedió uno de esos momentos incómodos para todos en Palacio Nacional.


