Apuntes de mis libros

Lean aquí en DETONA la primicia mundial del primer poema de "Ensayo sobre la belleza y el desorden de las cosas", obra ganadora en el VIII Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador, de Salamanca, España.

Los libros son el desdoblamiento del silencio transformado en artefactos con hojas que piensan. El que firma es el culpable de lo que hay en el interior de esa caja de papel que, en realidad, como decía José Emilio Pacheco, no deberían ser firmados por nadie, puesto que los autores suelen ser más de uno.

Cada que un autor alcanza la última página, las deudas aumentan. Los créditos se los lleva una sola persona. Las letras chiquitas, las dedicatorias, los epígrafes, los libros leídos para llegar ahí y las citas a pie de página son las huellas del otro.

Aspiro a la síntesis, pero desde el principio me persiguen los títulos largos. Que el mar abra sus puertas para que entren los pájaros (1982); La poesía se compone de piedras y gusanos (1987); Tambores para empezar la fiesta (1992); Moléculas en movimiento vibratorio alrededor de una posición de equilibrio (2016). Heridas luminosas que se quiebran (2021).

Y ahora...

Ensayo sobre la belleza y el desorden de las cosas, reconocido con el VIII Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador, desde Salamanca, España.

“Mucho texto”, dirán mis estudiantes con un meme. Texto suficiente, dirán otros memes como respuesta.

La historia de ese libro es bastante extraña. Empezó en 1917 con la invitación de Fernando Rendón al Festival de Poesía de Medellín.

El primer poema es el viaje al aeropuerto de la Ciudad de México para iniciar el viaje al festival.

DIARIO DE VIAJE Y MI LIBRO MÁS COLOMBIANO

El resto, como se verá cuando el libro se publique, es una especie de diario de viaje.

Ahí está la atmósfera de un encuentro, los pasillos solitarios del hotel una vez concluida la refriega, maletas extraviadas, el paisaje de Fredonia, los amores posibles e imposibles, otros viajes al interior de Colombia, una especie de memorial de los parques y un final con los últimos días en México del poeta Porfirio Barba Jacob. En síntesis, es mi libro más colombiano. Digo esto no por ego, sino por agradecimiento.

El libro debió haberse publicado en 2019 por dos amigos editores, Javier Rey (cineasta más bien) y Esteban Hincapié.

Por cuestiones económicas no apareció en su momento y el Coronavirus terminó por darle el tiro de gracia a la edición.

De hecho, el poeta Hugo Francisco Rivella, finalista en esta contienda española, me escribió un bello prólogo para la edición que nunca fue.

Y AHÍ VA MAGO, AL RESCATE

Un día rescaté el libro del archivo de obras en proceso de edición -que además no dejaba de corregir- y decidí enviarlo a Salamanca.

Que haya sido seleccionado entre más de 1300 trabajos no indica otra cosa que la pandemia nos ha puesto a escribir y a corregir nuestro material como locos.

El libro fue firmado por Morelli, personaje de Rayuela de Julio Cortázar.

¿Qué le hace a un poeta jugarse una carta en una contienda cuyos premios son simbólicos?

Comenté mis dudas con la Terrible Susanita, de muchas maneras culpable de todo esto. “Has lo que diga tu corazón”, me dijo. “Pero el corazón es traicionero”, contesté.

“No siempre”, respondió. Dos cosas me atraían: la traducción al portugués del libro y el morbo de ver traducidos algunos poemas a otras lenguas, algunas extrañas para mí, como alemán, árabe, hindú, ruso, japonés, croata, rumano e indonesio, además de inglés, chino, italiano y francés.

Y por supuesto la posibilidad de que las cosas cambien en el mundo y viajar a Salamanca en octubre a recibir el premio, traer ejemplares del libro y participar en el Encuentro de Poetas Iberoamericanos.

REGALO DEL DÍA DEL NIÑO

Un día antes del día del niño me despertó la voz de doña Pilar Fernández Labrador para darme la noticia del premio.

Era una voz de júbilo y optimismo en tiempos de crisis y esperanza. Que un jurado presidido por Antonio Salvado, e integrado por personas como Carmen Ruiz Barrionuevo, Jesús Fonseca, Alfredo Pérez Alencart, Carlos Aganzo, José Mª. Muñoz Quirós, Inmaculada Guadalupe Salas y David Mingo encuentren méritos en mi Ensayo sobre la belleza y el desorden de las cosas, me desconcierta.

No en el sentido de seguir la ruta equivocada, como llegué a pensar en los inicios, ni porque crea que los premios lo son todo en la escritura, sino porque un reconocimiento trae consigo más interrogantes. Y porque no cierra un círculo, sino que abre otros.

Mi libro no es el único reconocido en esta justa. Un silencio habitado, de Carmen Palomo, es también un libro ganador. En los trabajos de los 10 finalistas habrá textos fabulosos, no me queda la menor duda.  

Salvo en algunos casos, no se viaja para hacer literatura.

Se viaja, simplemente. Sin embargo, este libro y el premio al que se hace acreedor son el resultado de un viaje. Y un viaje no termina con el regreso al país natal, sino que empieza de nuevo.

Y tanto en el libro como en el viaje se conjugan calles y voces. Aunque el que lo confirma sea uno solo. Cada vez tengo menos idea de lo que es la poesía. Quizá sea eso que Tabucchi llama “hierba de los melancólicos”.

Una planta parásita “de pequeñas flores violetas” que se tomaba antaño por sus propiedades antidepresivas.

Va la primicia del primer poema, dedicado al poeta Larry Mejía. El texto no es otra cosa que la Ciudad de México haciéndose chiquita bajo las nubes, mientras el avión se eleva para alcanzar el verano de Medellín.

La niebla desarticula la belleza y el orden de las cosas. Las voces del antiguo lago y el rumor de los ahogados que ahí descansan:     caligramas que los arqueólogos descifrarán mañana. Guardo la imagen en mis bolsillos incluido el domingo, la bruma los monitores de la sala de espera y el pase de abordar. El avión despega y las cosas se hacen pequeñas. Una mancha de insectos con llantas o en dos pies desplazándose en cámara lenta es lo que se conserva del paisaje.
Margarito Cuéllar

Ganador de galardones de poesía en México, Ecuador, Francia, España y China. El más reciente fue la edición 2020 del Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez en Huelva, España. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte en el área de letras.  Maestro en Artes por la UANL. Ha publicado crónicas, entrevistas y artículos para medios locales y nacionales. Autor de una veintena de libros de poesía. Maestro universitario, promotor cultural y editor. Autor del libro de cuentos Los riesgos del placer y compilador de la obra José Alvarado (Cal y Arena/ UANL, 2018). 

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