Harold y su Crayón Mágico. (Harold and His Purple Crayon/ EUA, 2024)
La película Harold y su Crayón Mágico está inspirada en los libros de los años 50 del siglo pasado del dibujante Crockett Johnson, pseudónimo de David Johnson Leisk y describía las aventuras del pequeño Harold y como iba ilustrando su mundo mediante su imaginación y su crayón morado.
La película da un salto a pintar al curioso bebé de adulto acompañado por sus amigos puercoespín y alce, que de pronto se percatan que ya no hay un narrador de sus historias y Harold decide pasar al mundo real a buscarlo.
Acá de este lado Harold lo interpreta Zachary Levi, mejor conocido por su personaje en Shazam, y su presencia pues claro que será una serie de confusiones porque él y sus amigos alce y puercoespín, hora convertidos en humanos, no se pueden adaptar.
La cinta es la clásica “el pez fuera del agua” con toda la intención de entretener viendo las peripecias de Harold como niñote y su incapacidad de entender que el es un dijubo vuelto a la vida.
Ese estilo es de muchas películas, la más reciente es Barbi inclusive pidiendo mucho de Amigos Imaginarios y me remonto aún más atrás con Rocky y Bullwinkle (2000).
Harold se pega al pequeño Mel (Benjamin Bottani) y a su mamá (Zooey Deschanel) como apoyo en el mundo real, claro que el caos que va a generar el niñote y sus amigos será para cimbrar el mundo de mamá e hijo.
Pero la lección es la misma de Amigos Imaginarios donde la imaginación no debe terminar cuando se es adulto sino es parte de la formación del pasado y por venir.
Claro que para darle “sazón” a la trama meten con calzador al “villano” un incomprendido bibliotecario que no puede comercializar su novela “que rebasa a Harry Potter y El Señor de los Anillos” y mediante el crayón mágico cree que puede traer al mundo real el producto de su imaginación.
Fuera de eso hay demasiado relleno con puercoespín encarnada en el mundo real como una mujer totalmente despistada que se la pasa perdida la mitad de la película y un pr de detectives cuya función es entrar por la derecha de la pantalla y salir por la izquierda y ya nadie se acuerda de ellos.
Aquí el filme se va por todos lados y a ninguno perdiendo la opción de un final que aparentaba ser una adaptación del duelo de magos de la clásica El Cuervo (1963) pero mejor se van por explosiones y exageraciones, la fórmula de todos los días.
Y se nos vuelve a recordar que la imaginación es la esencia de la vida.