1.
Un amigo que se reconoce como una persona chapada a la antigua, me pregunta, ahora que se conmemoró -no celebró- el día internacional de la mujer, si todas ellas son ángeles.
Conozco a su familia y sé que trata con respeto a su esposa e hijas, no le recuerdo posiciones machistas y está muy lejos de considerar a las damas como seres inferiores. Sin embargo, le preocupa el que los movimientos feministas, radicales y moderados, han colocado a las féminas en una especie de pedestal, para ser veneradas… como si fueran querubines.

2.
“¿A poco todas son conciliadoras y evitan los conflictos innecesarios?”, inquiere.
“¿No hay una sola que se case por dinero, que logre amarrar al novio embarazándose sin acuerdo de su pareja?", continúa. “¿Ninguna es manipuladora, chantajista, provocadora, coqueta?”.
“¿No hay una sola que oprime a su marido y que disfruta el ser mantenida por él?”.
“¿A poco todas, sin excepción, son un alma de Dios, incapaces de criticar a las compañeras de trabajo, de ponerles trabas y de seducir al jefe con tal de lograr un aumento de salario?”.

3.
Todo lo anterior, dicho por mi interlocutor con todo respeto, es compartido por muchos varones que nunca han abusado de una jovencita, que no sueltan piropos groseros a las muchachas en las calles, vaya, que no son misóginos y que se asombran de dedicar un día a la celebración de la mujer, y de los desmanes que provocan este tipo de eventos.