Claudia y la curación clandestina de COVID

La salud fuera de la ley o aguas con los respiradores; se te los ponen, te mueres. Este mundo está cada vez más lleno de mentiras y de mentirosos.

Una sampetrina, a la que llamaremos Claudia, vivió un episodio inédito en su vida que la hizo sentir, como pocas veces, 'fuera de la ley'.

Resulta que tuvo que recurrir prácticamente a la 'clandestinidad' para tratarse y curarse del Covid-19.
Ella acudió, sin poder contarle a nadie, a un médico al que le han quitado el 'permiso' para tratar esta enfermedad, y tuvo que comprar sus medicinas, no en una farmacia, sino en una casa de otra sampetrina que las vende con sigilo pues las consigue 'de contrabando'.

Y les cuento esta historia para que sirva como signo de nuestros tiempos, en donde si tienes que vivir estas andanzas es porque algo está verdaderamente chueco.

Les platico el detalle: Claudia la había librado muy bien durante meses, y no sabía si creer o no en el coronavirus, o al menos en todo lo que se ha dicho de este padecimiento, porque la verdad es que nadie a su alrededor comparte un consenso sobre lo que está pasando: unos están muy asustados, otros no creen nada, otros más están a la mitad y en diferentes grados.

Nomás que cuando Claudia experimentó no sólo un resfriado, sino un fuerte dolor de cuerpo, falta de olfato y gusto, y hasta una leve sensación de que no podía respirar bien, le empezó a entrar miedo; un miedo que hasta entonces no había experimentado, inevitable, resultado de todas las cosas terribles que escuchas a tu alrededor.

Por lo que ella sabía -o al menos lo que le decía su instinto-, tenía más terror de ir a un hospital que de la enfermedad misma. Lo que más temía quizá era que la estigmatizaran, el repudio social de cuando le recriminaran, una vez que se supiera que "estaba contagiada", que había estado socializando días antes o incluso que había ido a la calle con 'síntomas'.

Pero temía también -irónicamente- que la hospitalizaran, que los tratamientos le hicieran más daño o que le fueran a poner uno de esos respiradores de los que, muchas amistades le decían -y la estadística lo dice también- casi nadie sale vivo.

Total, amistades de confianza le habían recomendado uno de esos doctores que sí son doctores pero que han manifestado poca o mucha discrepancia con las tesis 'oficiales' del Covid, que sí recetan ivermectina, hidroxicloroquina y que sí recomiendan el dióxido de cloro.

De este doctor en particular al que visitó Claudia en un pequeño consultorio casi escondido en pleno casco antiguo de San Pedro, y cuyo nombre no revelaré por su propia seguridad, le dijeron que traía una tasa de curación de 100% y que había sacado adelante pacientes que en hospitales quisieron internar y que hasta les daban pocas posibilidades de vida.

Pero por recurrir a esos tratamientos 'alternativos', a este médico alguien le mandó inspectores de salud que a su vez argumentaron que los mandaban por órdenes de Cofepris, órgano que lo acusaba de 'desarrollar protocolos de investigación prohibidos', un cuento completamente falso y burdo.

Y por ello le clausuraron el consultorio durante semanas, por lo que el pobre doctor, uno de esos verdaderos héroes que sí están curando el Covid en Monterrey y que lo hacen desinteresadamente, tuvo que dejar de decir públicamente que atendía a casos de este tipo.

Y bueno, el doctor en efecto le recetó un coctel de medicamentos existentes y reconocidos, todos muy efectivos, que incluía un antiviral, la ivermectina y la hidroxicloroquina, y hasta aspirinas; pero que extrañamente la teoría oficial no recomienda.

Y para disminuir la inflamación que le provocaba una mínima dificultad respiratoria, le recetó esteroides.
Para comprar la mayor parte de las medicinas, Claudia tuvo que recurrir a una vecina del Centrito Valle, que se los vendió desde su cochera, volteando a su alrededor para que nadie las viera, "porque la ivermectina no la consigues".

Para no hacerles el cuento largo, Claudia se recuperó en menos de una semana, aunque el tratamiento era para 15 días.

Su recuperación fue total y sin contratiempos. La enfermedad terminó siendo muy leve en ella.

Ojo, ella se guardó y se portó bastante bien: no visitó a nadie y no contagió a nadie, ni siquiera a su familia que incluye una buena tropa de hijos, a los que, déjeme decirle, lector, que nunca los contagió pese a que no dejó de verlos, besarlos y abrazarlos.

Lo que sí, la experiencia le dejó a esta sampetrina una sensación mayor de que este mundo está cada vez más lleno de mentiras, lucha de poderes, y que esto del Covid trae una cola tremenda.

No es que no crea en el virus, en lo que no cree es en buena parte del manejo que se le está dando a esto, que ha destruido economías y nos ha puesto a muchos en un "arresto domiciliario" muy debatible.

Ella ahora es de las que cree que en estos tiempos somos los ciudadanos los que tenemos que organizarnos para cuidarnos de un poder fáctico internacional dispuesto a todo por crecer su poder, que está muy relacionado con las elecciones en Estados Unidos y que a los gobiernos nacionales y locales en todo el mundo, el manejo del miedo por la "pandemia" del coronavirus les ha venido como anillo al dedo porque les da un poder inusitado para cerrar, abrir, hacer y disponer de los ciudadanos a su antojo.
Y ojo: Claudia no es la única...

lpadua@aztecanoreste.mx