El deterioro de la relación México-EU

MIAMI, Florida.-
La contrarreforma eléctrica es un desafío abierto a la Casa Blanca y al Capitolio, y retar así a Estados Unidos cuando sus demandas tienen sustento legal y han sido expresadas con respeto por el embajador Ken Salazar, no traerá nada bueno para México.
En pocos momentos de la historia reciente, quizá con el más inmediato precedente del asesinato del agente de la DEA en México, Enrique Camarena Salazar (1985), nunca se habían deteriorado las relaciones con Estados Unidos de manera tan acelerada.
¿Lo anterior quiere decir que Estados Unidos va a tomar medidas que arruinen a México o desestabilicen de alguna forma al gobierno mexicano?

No. México está blindado, hasta cierto punto, contra los arrebatos o respuestas iracundas del poderoso vecino, desde finales de 1993, cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
En el TLCAN original, recordemos, el gobierno de México no aceptó incluir un capítulo energético, como lo demandaba la administración de George H. W. Bush.
Y ahora, en la renegociación que dio a luz el TMEC, se incluyó el capítulo energético a solicitud del representante del presidente electo de México, López Obrador.
Cuando se firmó el TMEC, el presidente electo felicitó al representante suyo en el grupo negociador, Jesús Seade, por los ajustes realizados en energía.
La pregunta que se hacen aquí, tiene sentido:
si no iban a cumplir el acuerdo, ¿para qué lo firmaron?

Habrá demandas internacionales, sin duda.
Y aunque el Congreso mexicano rechace las propuestas hechas en materia eléctrica por el presidente López Obrador, éstas se van a aplicar en los hechos.
Basta que, por la vía burocrática, no se otorguen licencias para explorar y producir energías limpias, y tampoco renovar las que ya hay.
