Migrantes, víctimas de un gobierno criminal

Ese responsable se llama López Obrador, cabeza de una política migratoria omisa y corrupta coludida con la delincuencia organizada trasnacional.
La fila de cadáveres calcinados y metidos en bolsa de basura es el fiel reflejo de un régimen que ha violado todos los protocolos humanitarios y utilizado a los migrantes como instrumento para hacer propaganda y proselitismo electoral.
Cómo olvidar aquella arenga pronunciada el 21 de octubre de 2018 en Chiapas, cuando todavía era presidente electo, en la que prometió a los “hermanos migrantes centroamericanos” que en México se les daría trabajo y protección en su camino a Estados Unidos.
Cómo olvidar aquella frase irresponsable:
“Donde come uno, comen millones”...
...con la que abrió de par en par la frontera sur e hizo creer a guatemaltecos, hondureños, salvadoreños y haitianos que aquí los esperaba el paraíso terrenal.
López Obrador es el causante de la peor crisis migratoria y humanitaria de la que se tenga memoria.
Jamás le interesó implementar una política de Estado para proteger la vida y los derechos humanos del migrante.
Ha permitido que los agentes del Instituto Nacional de Migración los traten como bestias, que los hacinen como basura en cárceles mal olientes para evitar a toda costa que pasen a Estados Unidos.
Los migrantes se han convertido en rehenes de la política chantajista que domina la relación entre México y Estados Unidos.
Ambos países los utilizan como un factor de presión para obtener privilegios o concesiones.
Para obtener ganancias electorales o castigar al vecino.
Ahí está la amenaza que lanzó Trump de aplicar aranceles a las exportaciones mexicanas si el gobierno obradorísta no detenía el flujo migratorio y ahí está la amenaza velada de López de “aventar” migrantes al norte si Washington no acepta su política energética estatista.
Este gobierno está lleno de cobardes y matoncitos. Ni el presidente, ni el Secretario de Gobernación, Adán Augusto López, ni el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard fueron capaces de asumir la responsabilidad política y moral que tienen en la tragedia.
Adán Augusto López se “lavó las manos” y echó la culpa a Marcelo Ebrard para proteger su aspiración presidencial y Ebrard ha tratado de evadir las revelaciones hechas por el ex secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo en un libro autobiográfico.


