Y volvió a parir la abuela

Aunque no me confío ni marcho, yo al menos ya le perdí el miedo al “viejo de la danza”.
Por José Francisco Villarreal
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Foto por Plácido Garza para DETONA.

Antes de usar bastón, era yo un consumado caminante.

Me gustaba caminar mucho en la ciudad, el campo o la sierra.

En mis correrías nocturnas rara vez usaba taxi.

En alguna ocasión, de madrugada y en medio de una helada mortal que reventó medidores de agua y algunos pulmones desprevenidos, crucé la ciudad a pie desde Más Palomas hasta Miguel Nieto y Espinosa, atravesando la diz’que peligrosa colonia Independencia.

Una travesía muy al estilo de Hugh Glass.

De ahí en fuera, nunca disfruté caminar en manada, salvo cuando el semáforo da el pase al peatón.

Tolero las peregrinaciones por respeto a la fe, pero detesto los cohetones y le tenía miedo al “viejo de la danza”.

En realidad me atemoriza cualquiera con máscara o maquillaje excesivo, lo que explica mi gusto por atrincherarme en casa.

Pululan las máscaras por todas partes, porque el verdadero rostro, el universal, el más democrático, debe ser la calavera.

Marcha del 13 de noviembre en Monterrey.

No me gustan las marchas, pero sé que a veces es necesario marchar para exigir.

La masa anónima tiene el derecho y el deber de desenmascarar la injusticia, así haya que maquillar con pintas y consignas la panoplia heroica de nuestros monumentos.

Es muy interesante ver lo que puede hacer la masa movilizándose.

Alguna vez Pancho Villa, animado por la multitud, bajó del caballo y se encaramó en una escalera para cambiar de nombre a una calle de la Ciudad de México.

La calle se llamaba San Francisco o Plateros (no estoy muy seguro), pero Villa le impuso el nombre de “Francisco I. Madero”, y amenazó con matar a quien cambiara este nombre.

La amenaza fue bastante efectiva, hasta la fecha.

Lo curioso es que si bien fue un nombre impuesto por las armas, cuando ya no hubo amenaza real, nadie ha cuestionado el bautizo.

La coherencia entre la decisión arbitraria de un generalote y la de la “masa anónima” hace de Villa un personaje meramente incidental, verdadera protagonista fue la multitud, aunque el anecdotario de la Historia la ignore… para variar.

En la marcha por el INE y la llamada “contramarcha” por don Andrés, la masa fue la protagonista, pero se ha destacado a los que las encabezaron.

Los protagonistas históricos de la primera, impresentables muchos, se desdibujaron convenientemente para destacar el estandarte del INE y de su santo patrono, Lorenzo Córdova.

Lorenzo Córdova. Foto por DETONA.

En la segunda, a pesar de la presencia de las multicitadas “corcholatas”, la masa le dio protagonismo a don Andrés.

Si un desconocido campesino en Bielorrusia ve las noticias de ambas marchas, verá a los líderes acreditados por las imágenes de los respectivos contingentes.

Si el hipotético campesino compara las marchas, el mensaje, me temo, es tajante, aunque confunda al personaje con los verdaderos protagonistas.

Después de todo la percepción sensible del hecho se impone sobre los detalles a favor o en contra, reales o imaginarios, de la pugna política que no social… todavía… no tanto.

LA ACARREODOFOBIA
José Francisco Villarreal
Regiomontano pero criado en el medio rural cuando aún no esterilizaban a la tierra a fuerza de cemento, asfalto y contaminación. Estudiante prófugo de Letras Españolas y de FIME en la UANL pero con título de Técnico Mecánico Electricista. Con ese singular aval fue maestro de Humanidades en preparatoria del Tec de Monterrey, colaborador en publicaciones culturales locales y regionales, polizón y luego miembro del staff del suplemento cultural “Aquí Vamos” del diario “El Porvenir”, convidado en segunda generación del Centro de Escritores de Nuevo León, y mecánico de piso en Cervecería Cuauhtémoc y CyDSA. Ha sido también guionista en Televisa Monterrey y luego, en diferentes tiempos, jefe de Información y de Redacción en el área de noticias. Ahí mismo, eminencia gris, o discreto fantasma, en el análisis de información y en la planeación de estrategias de cobertura e investigación. También fue celoso cancerbero de la biblioteca y hemeroteca de esa empresa televisora. Al borde del ocaso, fue colaborador, asesor, redactor, responsable editorial y eventualmente director de Noticias en NRM Comunicaciones. Actualmente cuida de cuatro perros y una paloma inválida.