¡Yo soy su padre!
López Obrador no acaba de digerir la rebelión de Norma Piña y Santiago Creel el 5 de febrero. Sigue rumiando despierto y en sueños la decisión de la presidenta de la Corte de quedarse sentada ante su presencia imperial.
Así que, en un arrebato mañanero, con esa risa o gorgojeo sardónico que brota de su alma empantanada le volvió a escupir en la cara:
“La señora presidenta de la Corte está ahí por mí”.
Sólo faltó que le dijera a la ministra Norma Piña: “¡Yo soy tu padre!” “Todo lo que tienes es por mí”.
Al inquilino de Palacio le salió el macho que lleva adentro. No solo mintió, al decir lo que dijo, sino que menospreció a una mujer que llegó por méritos propios al Máximo Tribunal Constitucional del país.
Desde la óptica de un tirano que ya perdió todo contacto con la realidad la separación de poderes no es resultado de luchas intestinas que libraron por siglos millones de mexicanos sino una conquista que debemos agradecer a un mesiánico.

