Amor a primera pizza
¿Cuál es la mejor pizza de la metrópoli?, pregunté del 12 al 18 de mayo en un sondeo informal entre mis contactos en redes sociales de aquí, allá y acullá.
Los resultados revelaron que “La Stazione”, de la colonia Vista Hermosa de Monterrey, es la que alcanzó el mayor número de menciones.
Hay dos restaurantes más en el gusto de los comensales que decidieron responder, ambos en San Pedro Garza García, “Señor Bigotes” y “Milk Pizzería”; después hay tantos restaurantes como gustos.
Y es que la oferta restaurantera hoy en día es abrumadora, hace 50 años sólo había una cadena de pizza y párale de contar: “Pizza Hut”.
Sabor y pragmatismo, la pizza le cayó como anillo al dedo a los regios.
Quizá porque se come con la mano, quizá porque los ingredientes se tropicalizaron, quizá porque se identificaron con su informalidad que sabe a familiaridad, el hecho es que los regios están enamorados de la pizza.
Antes de la revolución roja en Italia, es decir, previo a la llegada del tomate, la pizza sólo era de pan, anchoas, queso mozzarella y aceite de oliva. El tomate mejoró la pizza y los cocineros napolitanos se enamoraron de su sabor, acidez, textura y color.
¿Qué sería de la gastronomía mundial sin el tomate?
Porque además del chocolate, aguacate, cacahuate, chayote, camote, epazote, achiote, zapote, chicozapote, guajolote, tejocote, yuca, chile, nopal, tuna, maíz, frijol, calabacita, flor de calabaza, vainilla, pitahaya, chía, amaranto, guanábana, guayaba, agave, jamaica, escamoles, chirimoya, nanche, mango ataulfo, el tomate fue otra de las maravillas de México para el mundo.
Me hincho de orgullo cuando pienso en la diversidad de productos que México le ha dado al mundo, pero bueno, el tema que nos ocupa hoy es la pizza.
La pizza es para comer en tiempo de calor y frío, se adapta perfectamente al clima bipolar de Monterrey.
Los regios son como los italianos, prácticos y comodinos, de manera que una pizza llena de sabor que no amerita cubiertos, satisface y divierte. Más aún si no hay platos que lavar.
Una pizza hecha con buenos ingredientes y con talento culinario, de ninguna manera es comida chatarra o fast food.
Con una masa bien fermentada, auténtico queso de búfala, tomates jugosos, uno que otro ingrediente de mar o tierra, un poco de peperoncino, todo cocinado en un horno de leña, te chupas los dedos.
La pizza es la comida preparada más práctica del mundo.
La puedes comer en una noche estrellada a la luz de las velas, con tu pareja, con un buen Chianti, también la puedes saborear con la raza y unas cervezas bien frías, o viendo la TV, o en la oficina, o conduciendo con tu triángulo de pizza en el regazo. Eso es lo que hace que la pizza sea tan popular en el mundo.
Se me antojó una pizza Margarita, la pizza napolitana más popular.
Cuenta la leyenda que cuando llegó sorpresivamente la reina Margarita de Saboya a Nápoles, allá por mil ochocientos ochenta y algo, el chef Raffaele Esposito, en honor a la monarca, creó una pizza con los colores de la bandera italiana, verde, blanco y rojo, esto es, albahaca, mozzarella y tomate. Dicen que a la reina le encantó el homenaje. Verdad o mentira, no importa, esta parte de la historia es sabrosamente romántica y no le hace daño a nadie.
Así nació la pizza clásica más famosa que aparece al principio de cualquier menú italiano del mundo.