Un mes sin López Obrador
Pero sigue presente en el imaginario colectivo, porque su modus operandi se mantiene en las mañaneras que ahora preside la doctora Claudia Sheinbaum.
Sus propuestas para desarticular instituciones sólidas y apabullar al Poder Judicial siguen su camino, con las prisas que le imprimen ahora desde el Palacio Nacional.
Treinta días sin López Obrador en persona, pero también son treinta días de sentirlo siempre presente en las acciones y actitudes de la Presidenta, así como en las votaciones en las cámaras de diputados y senadores.
O sea, López Obrador ya se fue; pero no se ha ido, sigue ahí, gobernando desde su influencia persistente y sus ideales incrustados en el actual gobierno.
No se sabe si sigue en la Ciudad de México, o en su natal Tabasco, o en su rancho de Palenque, o en una mansión, la que dicen, mandó construir en Cuba, o visita a su hijo en Londres
(Información en poder de DETONA revela que AMLO no construyó ninguna casa en Cuba, sino que su amigo Díaz-Canel, testaferro de los Castro, le consiguió una aburguesada mansión en el mismo barrio donde él vive: el antiguo Biltmore hoy Cubanacán, al oeste de La Habana. En próximos días detonaremos detalles de esto, por lo pronto, denle clic al video y lean la nota relacionada escrita por nuestro director, Plácido Garza).
AMLO está desaparecido, pero sigue presente en las decisiones de este gobierno.
No está en persona, pero la polarización social que cultivó con tanto afán, permanece y se profundiza.
No ocupa ya el Palacio Nacional, pero visión de país resuena en las nuevas conferencias mañaneras y en la gran cantidad de funcionarios leales a su persona, quienes fueron estratégicamente ubicados en el gabinete de la Presidenta.
Tampoco está en el partido Morena, de su propia creación, pero dejó incrustado a su hijo, para asegurarse así de mantener la línea política de la izquierda populista.
La ausencia física de López Obrador nos deja, sin embargo, en presencia de su legado, que para bien o para mal, sigue siendo la brújula de este gobierno.
Su influencia política, que transciende su mandato, invita a cuestionarnos si estamos frente a una nueva etapa de independencia gubernamental o ante la prolongación de un liderazgo que dejó huellas profundas y divisiones marcadas.