El Quijote migrante

Rogelio Ríos DETONA: Por la mexicana llanura se vuelve a ver la figura de un Quijote pasar, como diría el poeta español León Felipe.

Sin rucio ni escudero, sin lanza ni peto, viste la ropa desgastada de los pobres, calza tenis deshilachados, come las tortillas y frijoles que la buena gente le da -cuando le da- y duerme un día aquí y otro allá a la buenaventura de Dios. 

El semblante melancólico le da un aire triste a su mirar.

Habla poco, protege como puede a su mujer (su Dulcinea) y a su hijo de los riesgos de la dura travesía y, sin embargo, una fe inquebrantable lo sostiene: va al norte, a buscar su oportunidad de vida más allá de la frontera en donde termina México. 

En donde todos vemos adversidades y peligros, el Quijote atisba por más allá el Castillo que le espera, el que construirá con el duro trabajo de sus manos y el empuje de su espíritu. 

En donde todos vemos desesperanza, violencia, políticos corruptos y territorios gobernados por delincuentes, el Quijote se aferra al timón de su frágil barca que navega los mares más peligrosos, pues tras la tempestad vendrá la calma.

Viene de tierras lejanas al sur de México.

El amor y la calidez que ha encontrado, maravillosamente, en nuestra Patria le basta para sentir agradecimiento, para compensar los abusos, el desprecio y los robos que ha sufrido con su familia.

Desterrado de su patria, camina por países y regiones que nunca hubiera imaginado, de paisajes tan hermosos que hacen olvidar cualquier miseria y de atardeceres que rasgan los cielos en mil tonos púrpuras. 

Nada lo detendrá ni arraigará hasta ver cumplido su sueño.

Sin saberlo plenamente, pues no tiene más que una escasa educación y apenas puede leer lo indispensable y garabatear su nombre en un papel, él encarna el anhelo de justicia, la plenitud de vida y la dignidad del hombre que quiere ganarse el pan con el sudor de su frente. 

A ti, Don Quijote migrante, el que hace camino al andar, como diría Antonio Machado, te empujan las generaciones de quienes, desde siglos incontables, van por los caminos encomendándose a Dios y en busca del lugar que les permita, al fin, sentar los pies y construir su hogar.

Durante esos siglos, los antepasados sembraron en ti lo que eres hoy: el hombre de ideales que no se conforma con la servidumbre que lo ata a la miseria; el que rompe sus cadenas, las raíces con su tierra, y se echa a andar a desfacer los entuertos del mundo. 

Te veo pasar, Caballero de la Digna Figura, bajo el sol inclemente, los desprecios, el dolor y el hambre que alguna vez pasó el mismo Jesucristo, y respeto tu silencio que guarda rostros, paisajes, la generosidad y la maldad de la gente, ¿cómo podría yo romperlo?

  • ¿Cómo podría yo decirte que allá en el norte, más allá del Río Bravo, el paso se cierra para los migrantes, los muros se vuelven a levantar y la crueldad de políticos y fanáticos de ideas extremas los convierten en criminales? 
  • ¿Para qué explicarte que los delincuentes trafican con personas como tú, los roban, matan y desaparecen sin piedad alguna? 
  • ¿Acaso la dura realidad de las cosas y las personas detuvo alguna vez al Quijote manchego de vivir su idealismo y desfacer sus entuertos en el mundo real? 

No fue locura malsana lo que lo animó, sino el idealismo que lo transfiguró en un nuevo hombre al que todos secretamente anhelamos emular: el que mira en el mundo lo que otros no podemos ver. 

Por la mexicana llanura se vuelve a ver la figura de un Quijote pasar. Viene de un tiempo inmemorial y va a encontrar su suerte al norte, caballero andante de manos callosas. 

Buena fortuna en tu camino.
“Ponme a la grupa contigo/ caballero del honor/ ponme a la grupa contigo/ y llévame a ser contigo pastor”.
Rogelio Ríos Herrán

Egresado de la Licenciatura en Relaciones Internacionales por El Colegio de México (1981)  y desde 1994 se ligó a los medios de comunicación como comentarista y productor en Radio Nuevo León y la televisión pública y colaborador y columnista en periódicos en Nuevo León y Arizona y Georgia, en Estados Unidos. Durante más de 18 años se desempeñó como editor de opinión en el periódico El Norte (Grupo Reforma), en donde además durante 15 años fue un editorialista regular con análisis sobre coyuntura de política internacional, Estados Unidos y asuntos mexicanos. Desde 2019 y hasta 2021 colaboró en Grupo Visión de Atlanta, Georgia, y condujo el programa radial Un Café Con Atlanta.