México, ‘una hoja en la tormenta’
En su impaciencia, la vorágine de acontecimientos mundiales arrasa con todo a su paso: dominios e imperios, planes y estrategias, líderes y naciones enteras.
El poderoso se queda desnudo de su fuerza y el débil siempre se queda débil y observando el reemplazo de un poderoso por otro.
El 2 de abril fue un día de esos.
Recordé la frase: “hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que pasan décadas”, de nadie menos que Vladimir Lenin, al escuchar al presidente Donald Trump abolir con un discurso el orden económico internacional promovido por los Estados Unidos desde 1945, después de terminar la Segunda Guerra Mundial.
¡Qué insensatez de hombre!
No me voy a detener en el tema de los aranceles, sino en el gesto populista y arrebatado de creerse, por unos minutos, un César que reparte castigos y premios por el mundo a sus súbditos.
Como buen demagogo, Trump destruyó de un manotazo la arquitectura económica que tomó décadas construir para que, sobre una base ordenada, se formase una red comercial global que abriera la puerta a la prosperidad de muchos países, pero sin construir nada a cambio.
Parece una mala broma, pero Trump lo hizo en serio: rompió la posibilidad de confiar en el gobierno de Estados Unidos como socio estratégico y comercial.
A partir del 2 de abril, la confianza en Estados Unidos quedó hecha pedazos.
Es decir, la piedra angular del constructor del mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial se fracturó en mil partes, ya no hay un punto firme sobre el cual construir nada.
De ese tamaño es el desafío para el resto del mundo.
México, como vecino geográfico de los Estados Unidos, no puede escapar al destino de convivir con un vecino poderoso, inestable y nada confiable. No pueden los mexicanos mudarse de barrio.
Con un gobierno nacional débil, capturado por militantes movidos por la ideología, populistas en su propósito y en su actuar, señalados por corrupción y complicidad con organizaciones criminales por el gobierno de Trump, poco se puede “negociar”.
Con un gobierno nacional embarcado en el curso de la destrucción de la democracia mexicana, sus instituciones y organismos, en nombre de una “democracia participativa” en la que participan nada más los morenistas, no tiene México el perfil político necesario para impulsar una buena negociación comercial.
En mal momento nos llegó a México el golpe de autoridad de Trump.
No recuerdo haber vivido en un país tan dividido y polarizado como el de hoy, pues la polarización es una herramienta indispensable para el gobierno de los morenistas.
El mundo no tuvo paciencia para esperar hasta que la Cuarta Transformación (el proyecto político del Movimiento de Regeneración Nacional) construyera su “segundo piso” y concluyese la obra de un México socialista.
Llegó el presidente Trump y barrió con todo al sur de la frontera.
Muchos mexicanos piensan que lo que hace Trump es la única manera de frenar a la Cuarta Transformación y salvar a México, pero yo no lo creo así:
- ¿Cambiar una dominación autoritaria por otra es el camino?
- ¿Acaso Trump no es también un líder populista y enemigo de la democracia?
Por lo pronto, México queda, en adelante, peligrosamente a la deriva entre las ruinas de un orden económico internacional hecho pedazos por su constructor original: los Estados Unidos.