¿Qué hacer en NL ante el 25% de aranceles a vehículos que enviamos al mercado norteamericano?
Terminó su disertación con un llamado a la acción para que, al menos, los nuevoleoneses consumamos los productos en los que participamos con nuestros socios norteamericanos.
Tiene razón, pero solo en parte.
Sí debemos dar muestras de lealtad económica a EUA; sin embargo, el actual problema de deslealtad enturbiada no es de aquí para allá, sino de allá para acá.
Ayer por la tarde, el presidente Donald Trump anunció la imposición de un 25% de aranceles contra los autos importados a EUA, y luego matizó, diciendo que las compañías de autos que exportan sus vehículos desde México quedarían exentas de dicho arancel, pero sólo sobre su contenido norteamericano.
Se trata de un mejoralito al brutal golpe que ayer nos asestó, y que anticipa el descontón del próximo 2 de abril.
Un descontón que también le dolerá al pueblo norteamericano, porque generará inflación, pérdida descomunal de empleos y recesión.
Nuevo León es, con México, parte del (hasta ahora) bloque comercial regional con Estados Unidos. Vendemos lo que nuestros vecinos no pueden o no quieren producir, y les compramos lo que no aquí no podemos producir.
Así nos ha ido muy bien a los nuevoleoneses.
Sin embargo, lo que mejor sabemos vender es mano de obra calificada y barata.
Las cosas como son.
Lo mismo pasó por varias décadas en Corea del Sur con Japón.
Los nipones innovaban y los coreanos maquilaban o trabajaban parte de esa maquila.
Hasta que llegaron a un nivel de conocimiento superior, en el que, mientras trabajaban parte de esa maquila externa, sobre todo en sectores como el tecnológico, los surcoreanos aprendieron los secretos de la innovación.
Por cada marca de electrodomésticos japonesa, Corea del Sur inventó la suya propia.
Para cuando los japoneses se dieron cuenta de que estaban adiestrando, sin querer, en innovación a sus maquiladores coreanos, estos ya les habían comido el mandado, o parte del mandado.
Porque en esto estriba precisamente la magia del intercambio comercial: no se trata de una suma cero.
La demanda es tan amplia que difícilmente podría quitarle compradores una marca a otra.
Hay queso para todos, y no es necesario robárselo, ni mucho menos quejarse con el falso dilema:
¿quién se ha robado mi queso?
El presidente Donald Trump dice que México le ha robado parte de su queso, es decir, de su mercado laboral y de la venta de vehículos.
A veces, Trump rebaja tamaña ofensa y, en vez de acusarnos de robarle, dice que nos ha subsidiado de más.
Pero negociar tratados de libre comercio con países vecinos como el T-MEC no significa subsidiarnos, sino sumarnos a su misma cadena de suministro.
Todos ganamos. Nadie pierde.
Economistas de prestigio global, como el Premio Nobel Paul Krugman, han insultado agresivamente en sus recientes artículos de prensa a Donald Trump.
Yo no creo que sea necesario ofenderlo.
De por sí, el mundo del poder político y financiero está polarizado como para sustituir los argumentos académicos y de prensa con mentadas de madre.
Más bien, lo que debemos hacer los nuevoleoneses es actuar inteligentemente, como los coreanos con Japón: aprender el “know-how” de la innovación y enfocarnos en el mercado interno mexicano y en el de otras latitudes.