Depresión
Usted ya sabe que la economía mexicana cerró 2024 con una contracción, por lo que el crecimiento del año pasado fue de apenas 1.5%, o mejor, 1.2% cuando se consideran efectos de calendario.
Lo habíamos comentado aquí, era evidente que desde octubre estábamos en terreno negativo, y puesto que no se ven cambios relevantes, seguimos ahí en estos primeros meses de 2025.
Siguiendo el método común, pero inexacto, de definir recesiones cuando hay dos trimestres consecutivos con contracción, seguramente así dirán muchos en un par de meses.
Pero también ya sabe usted que hay un comité que decide si hay o no recesión, y cuándo inicia, y hay que esperar a que lo hagan.
Ahora bien, al revisar la información no sólo del producto interno bruto, sino también del Índice de Actividad Económica (IGAE), que no es exactamente igual, pero tiene la ventaja de publicarse mensualmente, tengo que corregir mi dicho: la caída de la economía no inicia en octubre, aunque en ese momento cruzamos a terreno negativo.
La caída empieza en agosto, porque julio fue un mes excepcional en crecimiento, como lo habían sido febrero y marzo, en todos los casos, creo, debido a la entrega de apoyos del gobierno.
Como hemos insistido, se trató de un acto fraudulento: crear una burbuja de ingresos para que la población estuviese contenta y votase como se debía.
Pero no hay recursos infinitos, de forma que desde agosto ya no hay cómo reactivar la economía.
Por inercia, la caída ha sido relativamente suave, pero no se ve cómo podría detenerse.
Hay que insistir en que todo esto ocurrió antes de que Trump ganase la elección, y por lo tanto antes de que tomara posesión y sus amenazas se hicieran creíbles.
Es resultado de decisiones internas, orientadas a mantener el poder y no a gobernar.
Para documentar mejor lo que ocurre, podemos aprovechar que ayer se publicó la información de la Balanza de Pagos.
En ella podemos encontrar lo que ocurre con la inversión extranjera, más allá de los dichos y anuncios.
Durante 2024 recibimos inversión extranjera directa nueva por un total de 3 mil 169 millones de dólares.
En números absolutos, es la menor en todo este siglo.
Si la medimos en comparación con el tamaño de la economía, para encontrar una inversión menor hay que regresar a la década de los setenta.
Entre 1970 y 1978 llegó a México menos inversión nueva que ahora, según mis estimaciones.
Es probable que usted escuche algo distinto.
Lo que el gobierno y sus corifeos anunciarán es que la inversión extranjera es la mayor de la historia.
Dirán que llegaron casi 44 mil millones de dólares en 2024, y que el promedio en el sexenio supera los 35 mil millones de dólares por año.
No será mentira: la reinversión de utilidades ha crecido continuamente, como podría uno esperar.
Una vez que se instala una planta en México, hay que mantenerla, actualizarla, y eso implica un monto creciente de utilidades reinvertidas.
Lo que no dirán, porque muy probablemente no lo saben, es que esa reinversión de utilidades también se ha reducido.
Hasta 2018, ese flujo, medido en comparación con la economía, crecía cada año 7.5%.
De entonces a la fecha, lo hace en 3.5%, menos de la mitad.
Es decir, no sólo llega menos inversión nueva, sino que la que ya está se atiende menos.
Digamos que se hace lo necesario para no cerrar, pero no mucho más que eso.
Aunque la inversión extranjera es pequeña en comparación con la nacional, ha sido determinante en las últimas décadas, conforme México se ha convertido en un país dedicado al comercio exterior.
Su comportamiento en los últimos años muestra que las decisiones del gobierno no sólo han lastimado la capacidad productiva del país, sino la posibilidad de atraer el capital indispensable para crecer.
Si no hay un cambio de fondo, más que recesión, pronto empezaremos a hablar de la depresión iniciada con la cancelación del aeropuerto.