Opinión

Las cuatro llantas del ser humano: virtudes para no patinar en la vida

Emiliano Calvert DETONA: A ver, seamos honestos. En esta vida se puede sobrevivir con talento, con suerte o con contactos. Pero si lo que quieres es vivir bien (y no me refiero a tener un Audi y cafecito con leche de almendra), necesitas algo más profundo: virtudes humanas.
Sí, ya sé que suena como tema de retiro espiritual o de prólogo de libro de superación personal... pero quédate.

Esto es serio, útil, y hasta elegante si lo sabes aplicar.

Vamos por partes.

Virtudes fundamentales: más útiles que un MBA

Primero, dejemos algo claro: las virtudes no se enseñan como la regla de tres simple.

No puedes imponerle a alguien ser justo o tener coraje como si fuera reglamento del gimnasio:

“¡A levantar valores, carajo!”.

No.

Las virtudes son como abdominales: se construyen desde adentro y duelen al principio.

Las virtudes fundamentales, esas cuatro que sostienen el edificio ético del ser humano, no son opcionales si te interesa crecer como persona.

Son la base para que cualquier otro valor tenga sentido.

Son el eje, las bisagras que sostienen la puerta de nuestra humanidad (y sí, también evitan que se nos caiga en la cara).

Estas cuatro son: justicia, agudeza (sí, lo que antes llamaban prudencia), coraje y templanza.

Vamos una por una, con su debida dosis de interpretación callejera.

1

Justicia: la reina madre

No hay “tirano justo”, ni “asesinato justo”.

A diferencia de otras virtudes que podrías fingir (hola, sobriedad en fiestas navideñas), la justicia no tiene excepciones bonitas.

Ser justo es mucho más que repartir parejo o “no hacer trampa”.

Es reconocer que cada ser humano vale lo mismo que tú. Y no solo en papel.

En acción.

Es meterte en el pellejo del otro, aunque el pellejo esté arrugado, sea incómodo o te quede apretado.

La justicia de verdad se parece más a una mamá que al sistema judicial.

Es esa capacidad de abrazar al otro sin pedirle nada a cambio, solo porque existe.

Y si eso no te da paz… al menos debería darte vergüenza pensar que puedes llamarte “líder” si no te importa tu gente.

2

Agudeza: brújula con los pies en la tierra

Aquí no estamos hablando de ser visionario estilo Steve Jobs.

Agudeza es saber dónde estás parado antes de intentar correr.

Es tener claro tus límites, tus circunstancias, pero sin usar eso de excusa para no crecer.

Es la mezcla exacta entre realismo y ambición decente.

No sirve de nada tener metas si no tienes los medios.

Pero tampoco sirve vivir midiendo si puedes lograr todo con el mínimo esfuerzo.

Y algo más: la agudeza requiere reconocer que el otro también es persona, igualito que tú.

Si tu idea de progreso pasa por pisar a alguien, lo que tienes no es agudeza, es ego con traje.

3

Coraje: músculo del alma

Olvídate de fortaleza como sinónimo de six-pack.

Aquí hablamos del coraje que no se rinde ante el mal, que actúa aunque tenga miedo, que se indigna cuando ve injusticias.

El verdadero coraje no grita, actúa.

Es generoso, porque sale de ti pensando en los demás.

No busca likes, busca bien común.

Es el que dice: “esto está mal, y aunque me cueste, lo enfrento”.

Y sí, requiere sacrificio.

Porque como bien dijo Pascal, el yo es injusto. Y a veces, para hacer lo correcto, hay que dejar de poner al "yo" en primer lugar.

4

Templanza: el arte de no pasarte de lanza

Templanza no es ser aburrido, ni vivir a dieta emocional. Es simplemente tener el volante en la mano cuando el placer se quiere llevar el coche.

  • Es disfrutar sin perder la cabeza.
  • Comer sin reventar.
  • Amar sin depender.
  • Reír sin burlarte.
  • Servir sin esclavizarte.

Porque si no eres dueño de ti mismo, alguien más lo será.

Y créeme, ese “alguien” rara vez tiene buenas intenciones.

Una vida sin templanza es una vida en modo Black Friday: llena de cosas, pero vacía de propósito.

Porque el que no se contiene, se vende barato.

¿Y todo esto para qué?

Porque sin justicia no hay sociedad, sin agudeza no hay dirección, sin coraje no hay acción, y sin templanza no hay control.

Las virtudes no son un adorno ético para verte bonito en LinkedIn. Son el verdadero core del ser humano.

Lo que sostiene a los derechos, a las empresas, a las familias y, sí, a uno mismo.

Hoy más que nunca, entre algoritmos, crisis, redes sociales y modelos de negocio efímeros, necesitamos más humanos virtuosos que expertos en Excel.

Así que la próxima vez que hables de liderazgo, resultados o visión... piensa también en tus virtudes. Porque en esta vida puedes ser exitoso, o puedes ser completo.

Y si te toca ser ambas, que sea con justicia, agudeza, coraje y templanza.